Largo ha sido el proceso de elección de la segunda entrega de mi Top 20 de álbums musicales, pero al fin me siento con la voluntad de revelarla. Se trata del segundo trabajo de la británica Joss Stone, editado en 2004: Mind, Body & Soul (2004).

Corría el último tercio de 2004 cuando apareció Mind, Body & Soul, segundo disco de estudio de la joven cantante Joss Stone, nacida Joscelyn Eve Stoker en Dover, Kent, Inglaterra el 11 de abril de 1987. Fue antecedido por un sensacional álbum de covers, llamado The Soul Sessions, lanzado el año anterior, que impulsó su brillante debut a la edad de 16 años en el hit parade mundial.
Producido por la cantante Betty Wright, la guía musical y espiritual de la entonces principiante Joss, y por Steve Greenberg, el hombre detrás de dos generaciones de fraternales boy bands, Hanson y los Jonas Brothers, el segundo producto del vibrante y prometedor talento de la inglesa se enfocó a producir a una súper estrella pop diferente a las existentes en su momento: contrastante con el plástico y el oropel de Britney Spears o Ashlee Simpson, diferente a la estridencia y oscuridad que presentaba en esos días Avril Lavigne, pero que seguía fielmente la línea trazada por su grabación anterior.
Lo que se logró fue un producto comercialmente rentable, con fuertes raíces en el R&B y en el soul, con algunos tintes de reggae y hip-hop, una creación rica en pegajosos pasajes melódicos, arreglos contundentes, deliciosos ritmos, letras sencillas y los poderosos matices de la voz de Stone, eje conductor de todo lo demás.
Producido por la cantante Betty Wright, la guía musical y espiritual de la entonces principiante Joss, y por Steve Greenberg, el hombre detrás de dos generaciones de fraternales boy bands, Hanson y los Jonas Brothers, el segundo producto del vibrante y prometedor talento de la inglesa se enfocó a producir a una súper estrella pop diferente a las existentes en su momento: contrastante con el plástico y el oropel de Britney Spears o Ashlee Simpson, diferente a la estridencia y oscuridad que presentaba en esos días Avril Lavigne, pero que seguía fielmente la línea trazada por su grabación anterior.
Lo que se logró fue un producto comercialmente rentable, con fuertes raíces en el R&B y en el soul, con algunos tintes de reggae y hip-hop, una creación rica en pegajosos pasajes melódicos, arreglos contundentes, deliciosos ritmos, letras sencillas y los poderosos matices de la voz de Stone, eje conductor de todo lo demás.
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