| #JeSuisBruxelles #IkBenBrussel |
Lo que pasó el martes en Bruselas no tiene nombre. La violencia es un sustantivo inescrutable, una palabra que jamás debiera mencionarse. Sin embargo, lo que el terrorismo en todas sus formas y encarnaciones está provocando en nuestra sociedad global es que nos olvidemos de nuestro nombre y de nuestras convicciones, de nuestros sueños y nuestras aspiraciones; vivir con miedo es la consecuencia de que nuestra civilización sea incapaz de resolver los problemas que la aquejan.
La política mira pasmada el avance de los radicalismos; las fronteras son un pretexto, en todas partes hay incendios, hay asesinatos, hay hambruna. El gran triunfo del Estado Islámico, el grupo fundamentalista responsable de los atentados en el aeropuerto y en el metro de la capital belga, ha sido el de llenar de humo los ojos de un Occidente aparentemente martirizado, pero que también ha sembrado la destrucción y la confusión entre propios y extraños. Antier solamente confirmaron que la destrucción y la muerte es un asunto global.

