Cuajimalpa, D.F., Octubre 29 de 2009
Una vez más, mi mundo bosteza y alumbra sus recuerdos con el resplandor de una vela ultravioleta. El clamor de mis manos resulta en el ir y venir de mi pulso vital por las paredes de las calles pintadas de inmensos y brillantes colores, en las auroras de motor rumiante de las aceras y en los vestuarios de vidrio y concreto de las ciudades.