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| Más bien, Justin es un "Frankieber"... |
Después de las declaraciones que la semana pasada hiciera Justin Bieber, el andrógino teen idol más amado y odiado de la música pop, al visitar la Casa de Anne Frank en Amsterdam, en las cuales dijo que la diarista alemana "era una gran chica y hubiera sido una believer", el universo de opinólogos llamado redes sociales se levantó con antorchas sobre él, diciendo que sus declaraciones eran un insulto a la memoria de esta joven víctima del Holocausto. La pregunta que uno debería hacerse es si tales injurias son para tanto; de hecho, no estaría escribiendo esto de no ser porque mi hermana me dijo hace rato que su voz ya sonaba más "de hombre" en su último sencillo.
Esta vez, encontré razones para darle un voto de confianza al canadiense; me pareció inadmisible que los fundamentalistas de la decencia política y la música pop se le lanzaran a la yugular con sus largos y afilados cuchillos. Primero que nada, hay que ser sinceros, al mocoso lo amas o lo odias, este muchacho no ha encontrado medias tintas en su carrera, o se le rinde pleitesía o se le utiliza como purgante; habrá quien lea esto y quiera atacarme por el simple hecho de apologizar una de sus acciones, pero en el gesto que tuvo hacia la figura de Anne Frank me conmueve más allá de la frivolidad con que lo trataron en los medios supuestamente especializados.
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