 |
| Cuatro años más... (AFP) |
Todo el mundo estuvo pendiente del evento político más importante de América, las elecciones para seleccionar al nuevo mandatario de los Estados Unidos. Como es bien sabido, el mundo sigue dependiendo en gran parte de la política norteamericana, la cual se ha visto propulsionada por los difíciles tiempos en los que vivimos. De un lado, el presidente que buscaba reelección, Barack Obama, pese al gran bajón que ha tenido en su popularidad por consecuencia de las promesas que hizo en 2008; del otro, un político mormón, Mitt Romney, que buscó dar una alternativa a una población dividida en sus opiniones.
Al inicio de la contienda, se percibía un Partido Republicano dividido que se vio en la necesidad de cerrar filas alrededor de un ex-gobernador conocido por su efectividad como empresario y por sus opiniones conservadoras en temáticas sociales. Para acompañarlo en la vicepresidencia, los sectores más conservadores del grupo político eligieron a un joven congresista de Wisconsin, Paul Ryan, quien debía contrastar en su habilidad para imponer sus ideas con el actual presidente del Senado, el vicepresidente Joe Biden. Aquella selección produjo muchas más cejas levantadas que electores satisfechos, pero Ryan sería un complemento que marcaría la agenda que el GOP (Grand Old Party) establecería.