Texto: H.G. Boyce
Julio de 1993
(Trad. F. Moreno*)
No es un secreto que St. Mark's Place es una de las calles más animadas e interesantes del Cuadrante Este de Manhattan [1]. Si caminamos por sus estrechas aceras, encontraremos una gran variedad de cafés, restaurantes y tiendas, y es fácil deducir quiénes frecuentan aquel lugar: artistas, poetas, escritores, músicos e intelectuales se dan cita para platicar al calor de un café o una botella helada de cerveza.
St. Mark's es un lugar lleno de historias [
stories], las cuales se pueden clasificar en diversos momentos de la historia [
history] de la ciudad y de los Estados Unidos: las migraciones germanas, ucranianas y judías, los
revivals arquitectónicos decimonónicos, los primeros indicios violentos de la Mafia y las presencias anarquistas y comunistas. Hoy en día, suenan con más ruido en el imaginario histórico de sus habitantes el expresionismo abstracto en los años 50's, la literatura
beat, la contracultura, el Pop Art, la comedia, el feminismo de primera ola y el rock. En esta calle vivieron y escribieron Bukharin y Trotsky antes de la Revolución Rusa; Andy Warhol, Allen Ginsberg, Jean-Michel Basquiat, Kiki Smith, Jeff Koons y los miembros del colectivo
Fluxus trabajaron aquí en diferentes momentos, y los edificios gemelos de los números 96 y 98 fueron inmortalizados tanto en el álbum
Physical Graffiti de Led Zeppelin, como en uno de los videoclips de los Rolling Stones.
Este es el rincón donde Hannah y yo vivimos desde hace algunos meses; ambos llegamos con lo mínimo a Nueva York para estudiar periodismo en Baruch College [2], donde nos conocimos. Yo crecí en Oklahoma, ella es de Nueva Jersey, y la juventud nos ha permitido sobrevivir extenuantes sesiones de clase, horas de transporte público y una intensa vida nocturna; clases de escritura creativa y géneros periodísticos por la mañana, y ciclos de cine, charlas con amigos poetas y conciertos de rock en CBGB por la noche. Había que servir mesas cuando el dinero que nuestros padres enviaban se terminaba, pero en lo demás era una vida demasiado despreocupada, llena de lecturas y vivencias.