(Antes de comenzar esta nota, quiero mandar saludos a los lectores que me felicitaron por mi cumpleaños, cuyos blogs recomiendo y sigo con devoción e interés: Violeta, Aldonza, Beto, Virginia y Haikú. Gracias y nos seguimos leyendo...)
Esta vez, hablaré del fin de semana que acaba de pasar en el fútbol mexicano, enmarcado por dos sucesos contrastantes, que evocan dos reflexiones muy diferentes en relación con la sociedad mexicana, la situación actual del país y su relación con el deporte.
Este fin, debido a las festividades de mi onomástico, realizadas en mi hogar con familiares y amigos, me mantuve al margen de ver el fútbol; incluso no fui al estadio a ver a mi Toluca contra el Atlante, como acostumbro hacer cada 15 días.
Sin embargo, no es correcto mantenerse indiferente a las malas noticias, y es menester celebrar las buenas nuevas.
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Aficionados del Santos en la cancha del TSM, justo
después de la suspensión del juego Santos - Morelia
de la J6 del Torneo de Apertura 2011por detonaciones
de arma de fuego. (AP Photo / El Siglo de Torreón) |
Lo que ocurrió el pasado sábado en la cancha del equipo Santos Laguna durante su partido de Jornada 6 del Torneo de Apertura 2011 contra Monarcas Morelia fue muy triste y quedará en los recuentos de la infamia, porque es un atentado hacia los valores que el Bello Deporte promueve como juego-espectáculo para las familias, en ambiente de paz y justa competencia. El mismo campo que, el mes pasado, fue testigo de la gloria apoteósica de la Selección Mexicana Sub-17 contra su similar de Alemania, fue víctima del peor atentado relacionado con un espectáculo en nuestra historia reciente.