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| Hey Jules, everybody wants you... (Reuters) |
En una época histórica como la nuestra, tener escondido bajo tu comedor a un personaje como Julian Assange es una decisión controversial, te puede traer un número enorme de problemas y de simpatías a la vez. Ecuador ha decidido jugársela con el hacker y ciberactivista australiano fundador de WikiLeaks, acusado por Suecia de haber cometido cuatro delitos sexuales. En la mañana del día de hoy, el presidente Rafael Correa decidió otorgarle asilo político, lo cual significaría que Assange tendría protección de todo tipo en territorio ecuatoriano.
Pero existe un problema por todos conocido: desde hace siete semanas, Assange está refugiado en la Embajada del país sudamericano en el Reino Unido, ubicada en el londinense barrio de Knightsbridge, al centro de la capital inglesa. El derecho internacional otorga inmunidad a todos los recintos diplomáticos, así como a sus trabajadores; sin embargo, la ley británica otorga a sus policías la posibilidad de revocar estas prerrogativas, lo cual abriría un resquicio para detener al australiano. El gobierno que encabeza David Cameron, quien en este momento disfruta sus vacaciones en España, ha declarado su intención absoluta de no dar el salvoconducto para dejarlo salir de sus terruños.