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octubre 29, 2014

Microrrelato #18: Perversión

David Kassan (Little Rock, 1977)
"Koi" (2008)
Óleo sobre tabla, 228.6 x 165.1 cm
Galería Henoch, Nueva York

Caminos opuestos, una cita inoportuna. Un segundo te miré a los ojos, diez a las piernas. No hubo palabras ni teléfonos, ni miradas ni sonrisas, sólo ideas perversas.

junio 22, 2013

Berrinches de Novelista Novato #15: Ella me visitó vestida de Érato en medio de un sueño.

David Kassan (Little Rock, 1977)
"Epilogue" (2009)
Óleo sobre panel de aluminio, 305 x 243 cm
Gallería Henoch, Nueva York

Había viajado a través de cientos de recuerdos, utópicas cartografías y un mar embravecido de historias esperando ser escritas. Sus dulces e ingrávidos pies mostraban el cansancio de una ausencia extendida más allá de los límites del inconsciente conocido, de la sombra cavernaria de los ires y devenires de mi existencia. Como una aparición divina, repentina e inesperada, Ella se posó como una musa Érato, pensativa y amorosa, junto al sinuoso barandal de hierro forjado que resguarda una escalinata que lleva al acceso a los palcos de un teatro estilo Art Nouveau en el primer cuadro de la utópica y etérea Ciudad Arcángel; fiel a su hermosa costumbre, estaba ligeramente despeinada, se había vestido con un chiton griego color salmón sujetado por una curiosa fíbula con forma de arco y flecha, portaba una corona de rosas a juego y una lira a la que le colgaban dos cuerdas rotas.

Supe de inmediato que estaba frente a mí en el marmóreo vestíbulo del teatro donde mis sueños y mis fantasías entran en escena; el arco reflejo entre sus profundos ojos zarcos y cada centímetro de mi piel estremecida reaccionó como si un rayo hubiera iluminado cada rincón de aquel salón. Ella siempre sabe dónde encontrarme, conoce los misterios de mi pensamiento como quien narrara una historia de memoria, como quien pudiera leer las páginas de un diario que nunca se escribió; Ella nunca necesita presentarse y, cada que deseo aislar mi soledad del resto del universo, siempre encuentra las llaves de mi escondite colgando de su cuello o entre sus castaños cabellos. Mi sonrisa reconociéndola es su invocación preferida, aunque a veces me ha encontrado con ríos de tristeza entre mis lágrimas o con nubarrones de frustración cegándome las ideas.