Un día como hoy, hace 10 años, el espíritu de George Harrison emprendió un viaje más allá de lo trascendental.
Como guitarrista, fue genial a su propia manera: tranquilo y discreto detrás de las personalidades arrolladoras de sus comparsas, hizo de los Beatles la banda de pop más influyente y elemental de nuestra era. No quería salvar al mundo como John, tampoco era melodicamente ambicioso como Paul, y mucho menos era tan divertido y sincero como Ringo... George era George, el discreto, el silencioso.
