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| Ahí yace la Guerrera (AP Photo) |
LA QUE SE MUEVE NO SALE EN LA FOTO
La noticia nos tomó por sorpresa a todos, hasta a los más escépticos; el pasado martes 26 de este mes, elementos de la Procuraduría General de la República detuvieron en el Aeropuerto Internacional de Toluca a la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, quien acababa de llegar de uno de sus acostumbrados viajes a San Diego, California. Mediante una orden de aprehensión donde es acusada del desvío de 2600 millones de pesos del presupuesto magisterial movidos entre 2008 y 2012 a cuentas personales y empresas fantasma, la otrora intocable lidereza fue capturada y trasladada al penal de Santa Martha Acatitla.
Siendo rígidos con los procedimientos, la detención de Gordillo fue realizada con todas las de la ley; lo que resulta sospechoso y muy visible al mismo tiempo fue el momento en el cual se realizó este movimiento, en un instante político rico para especular y fértil para decisiones radicales. La imagen de la maestra Elba Esther en el imaginario político promedio del mexicano informado es el del ícono por excelencia de la corrupción en nuestro país, la abeja reina viciada por el poder que mueve a placer los hilos de la vida pública mexicana; la mujer que parecía inalcanzable para las garras de la justicia fue por fin detenida sin derecho a fianza y duerme en prisión.


