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junio 25, 2012

Asuntos Pop #2: Los Vazquez Sounds, el vasito donde se ahogaron


Cuando aparecieron los Vazquez Sounds como fenómeno de Youtube, hubo tres detalles que me taladraron el oído y me perforaron el estómago: el hecho de que la canción que estaban interpretando en aquel video viral era "Rolling in the Deep" de Adele, el timbre irritante de la voz de la niña cantante y el jolgorio que se armó durante las semanas posteriores a la salida de este sencillo.

En México, algo bastante común es "aventar las campanas al vuelo" con demasiada antelación, y en cuestiones del talento musical no es la excepción. El vox populi tiende a derretirse con halagos hacia cualquier cambio en la rotación radiofónica, la payola remata y la radio engaña; la industria musical está más cercana a ser línea de producción que a fábrica de maravillas, donde la forma trasciende por encima del fondo. La decadencia de la industria en comparación al empuje de la distribución en línea y  de las disqueras independientes se debe a que sus productos ya no cumplen con las expectativas de los escuchas y a que la piratería termina por mermar sus pocas ganancias.

¿Qué es lo que ha sucedido con los artistas de la industria en países con estrecha oferta musical? Se recurre a refritos de viejos éxitos, los "tributos" a la Frankenstein están en demanda. Se homogeneizan las fórmulas y la libertad creativa se degolla, productores como TimbalandPitbull se ponen de moda. Los headhunters dejan de asistir a bares y se meten a navegar en MySpace, retoques más, retoques menos, el simulacro de un éxito espontáneo. El cantante que México ha estado esperando podría ser un alumno de La Academia o de La Voz, donde lo populachero y lo lacrimógeno terminan por triunfar.

De los escombros de la música pop mexicano, así como de sus notables excepciones y guilty pleasures personales, podemos hablar en otro momento, mejor adentrémonos en el fenómeno que hoy me interesa  y me anima a escribir.

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febrero 06, 2012

Del Super Bowl XLVI

Hakeem Nicks (Todd Rosenberg / NFL)

Antes de comenzar, me gustaría dejar claro que éste ha sido, por mucho, el mejor Super Bowl que he visto en mi vida. Trato de pensar en otro, pero no lo encuentro; el partido de ayer en el Lucas Oil Stadium de Indianapolis debe ser uno de los tres grandes Super Bowls en la historia de la NFL. Tuvo de todo: estrategia, dramatismo, fortuna y gloria; además, como si no fuera importante, fue uno de los tres más vistos en cuarenta y seis años de este evento.

Yo soy Raider, y nunca lo he negado pese a que nunca he visto a mi equipo coronarse; aún tengo fresca la dolorosa paliza que Jon Gruden y los Bucs le pusieron a mis Malosos en el Gran Juego de 2003 (Super Bowl XXXVII), y he tenido la mala fortuna de sufrir una racha de decepcionantes temporadas perdedoras. La mala fortuna de mis Raiders durante la década de los 2000's comenzó una noche nevada de Foxborough en 2002 contra los Patriotas, los cuales eran dirigidos por un QB reemplazo llamado Tom Brady; ese robo flagrante se suele llamar "the Tuck Rule Game" en el argot de la NFL.

Una intercepción de los de Oakland que hubiera significado la final de conferencia contra Pittsburgh fue revocada por una revisión de video, lo cual dio nueva vida a Nueva Inglaterra, que ganaría el partido con una patada en esa serie ofensiva. El resto es historia: hoy Tom Brady tiene tres anillos, a Gisele Bündchen y un nicho en el Salón de la Fama esperándolo, mientras mis Raiders no encuentran el fondo del hoyo. Cuando Nueva Inglaterra jugó partidos de Super Bowl, apoyé sin mucha fortuna a Carneros, Panteras y Águilas; fue hasta 2008 que pude sonreír, gracias a los Gigantes de Nueva York en la edición XLII.

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