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| El espíritu de la banda, James y Lars (metallica.com) |
Tratar de explicar el romance de Metallica con México es algo complejo; cuando una banda llega a la Ciudad de México para organizar ocho conciertos en el Palacio de los Deportes, es porque ahí hay de por medio algo demasiado excitante y peligroso, un voto fuerte y recíproco, casi familiar, entre banda y fanaticada. Muchos artistas hacen grandes temporadas en escenarios del De-Efe, eso no es nuevo, pero pocos de estos son internacionales y tienen el calado de la banda de Los Angeles. Si de algo debemos sentirnos orgullosos los fans de Metallica, es de la forma como nos miman.
En treinta años de carrera, Metallica ha tendido lazos fuertes alrededor del mundo con su música, sus espectáculos y su carisma, pero por alguna razón, cuando parece que los tours se vuelven largos y cansados, regresan a recargar su energía a nuestro país. La primera vez fue en 1993, cinco conciertos en el Domo de Cobre que fueron compilados en la caja Live Shit: Binge & Purge; la segunda fue en 1999, con Pantera y Monster Magnet en una única fecha en el Foro Sol. Una década esperó la ciudad para los tres conciertos de junio de 2009 en el también Autódromo de los Hermanos Rodríguez, compilados en un increíble DVD; un año después, habría también cariño para Guadalajara y Monterrey. En 2012, había que seguir recuperando el tiempo perdido con ocho fechas en el edificio de Félix Candela.
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