| Un organillero en el Centro Histórico de la Ciudad de México (Foto del autor). |
Hola a todos...
Esta vez quiero platicarles que el día de ayer volví a creer en que pueden pasar cosas imposibles y que hay que tomar las oportunidades cuando se te presentan.
Voy a darles un contexto, estoy haciendo Servicio Social en uno de los tantos museos del Centro Histórico. Mi día fue bastante largo: tuve que ir a recoger unos libros a una biblioteca, pasé a buscar un accesorio que necesito a las tiendas de aparatos electrónicos (que desafortunadamente no encontré) y me encargué de apoyar en el envío de una correspondencia urgente. En pocas palabras, hice todo menos mis deberes (revisar el Archivo Histórico y depurarlo).
Salí un poco tarde, pero vi que tenía tiempo aún para caminar un poco y darme una vuelta por las librerías de viejo que hay por ahí. No estaba poniendo demasiado atención hacia lo que estaba viendo, más bien estaba divagando la mirada. Apuré el paso, pero me detuve dos veces; dos libros llamaron mi atención.

