junio 05, 2012

Guardería ABC: Tres Años / Defecciones Encopetadas

Tres años y no ha pasado mucho...

JUSTICIA es una palabra que se debería escribir siempre con mayúsculas, sin ella no puede existir la armonía entre las personas en sociedad. En muchos países del tercer mundo, su significado práctico no se conoce, es un enigma cifrado por los lastres de la corrupción y la desigualdad.

Tal es el caso de la Guardería ABC de Hermosillo, en la cual 49 niños murieron calcinados un día como hoy de hace tres años. Los padres de estos pequeños inocentes siguen peleando al día de hoy en búsqueda de que se les haga la más elemental JUSTICIA.

Desafortunadamente, México no es un país de leyes, es un país donde los usos y las costumbre demagógicas promueven señales confusas para los ciudadanos. Los principales responsables de la tragedia están libres, y muchos de ellos son incluso candidatos a cargos de elección popular. Es una lástima que aquellos que deberían rendir cuentas aspiren a un fuero político y a la inmunidad penal, pero a veces la vida no es justa.

En búsqueda de diálogo, y sabiendo que sus aspiraciones políticas están en mala posición, la candidata del PAN a la presidencia, Josefina Vázquez Mota, buscará a los padres de estos niños. Tuvo que dar un paso importante para hacerlo, despedir a Juan Molinar Horcasitas, quien fuera el director del IMSS cuando se concedieron las autorizaciones para la ABC y otras estancias irregulares; como si no fuera poca cosa en estos días, lo hizo en la Ibero, su Alma Mater.

Instrucciones para Procrastinar

(A la manera de Julio Cortázar, Felipito otra vez...)

Primero que nada, tiene que hacerse la promesa de realizar un listado de pendientes: sesiones de ejercicio por las mañanas, buscar una nueva afición nocturna, realizar la cita con el dentista de su hija. Tómese su tiempo, que si bien no cunde, sí amenaza.

Deje que la espontaneidad y el ocio lo distraigan más de lo que quisiera, si surge alguna fiesta, no dude en asistir; si necesita tomar el fresco, salga aunque el trabajo lo apremie; si debe tomar la siesta, hágalo sin complejos que lo agobien.

Tome en cuenta que mañana no es demasiado tarde para comenzar, pero si por alguna razón ha terminado aquel listado que le sugerí, traspapélelo entre los documentos de la oficina o entre los esbozos de los cuentos que no ha logrado terminar.

Continúe con su vida normal, y si todo sale como está planeado, se dará cuenta que las cosas importantes siempre se hacen en el tiempo debido, por más que uno las quiera aplazar.

junio 03, 2012

Berrinches de Novelista Novato #3: Perder el Vuelo*


Huatulco, Oax., Noviembre de 2000

Era la cuarta vez que la dejaba un avión en su vida. Sólo había dos vuelos con destino al Distrito Federal por día desde Huatulco, y Beatriz había perdido el último, el que llegaría a la ciudad cerca de las 8 de la noche.

Cuando llegó al mostrador y vio en las pantallas que el vuelo estaba cerrado, lo primero que hizo fue, reacción natural de toda persona incrédula ante su mala puntualidad, preguntar si aún era posible tomarlo en alguno de los carritos de servicio del aeropuerto; no le vino mucho en gracia observar el rostro divertido de la señorita del mostrador al decirle que el vuelo estaba despegando, que estaba sobrevendido de todas maneras y que tendría que solicitar su cambio de horario para el día siguiente. Después de una explosión de ira que terminó desahogada en un gran puñetazo sobre la mesa del mostrador, tuvo que solicitar su cambio de horario para el día siguiente a la ahora asustada mujer, cuyos grandes ojos oscuros manipulaban la computadora tratando de no mirarla.

La noche era fresca, un viento suave soplaba en las casi desiertas salas de espera del aeropuerto, moviendo con un ritmo dulce a las palmeras del lugar; algunos de los puestos de souvenirs estaban cerrando y los guardias de seguridad bostezaban cinicamente detrás de sus puños, con sus ojos entrecerrados tratando de mantener la vista hacia su alrededor. Beatriz había encontrado resignación sentada sobre una banca de espera; sabía que era momento de llamarle a sus tíos para decirles que había perdido el vuelo, que nunca creyó que el tiempo se le derretiría tan rápido en la Bahía de San Agustín, por no decir del transporte de vuelta a Santa Cruz. Para fortuna suya, no tendría que buscar un hotel en medio de la temporada alta en el pueblo; sabía que no habría problema si sus tíos le permitían quedarse en el suyo por una noche más.