En 2013 se conmemoró el primer año desde la muerte de uno de los cantautores más importantes de la historia del rock argentino, un hombre cuya música y poesía marcaron a toda una generación con su enorme lucidez y profundidad, el gran Luis Alberto Spinetta. Los ciclos de vida terminan, pero el legado que el Flaco dejó para la música popular del país austral no tiene punto de comparación; su inmortalidad radica sencillamente en haber logrado conmover el corazón de millones y en haber dado pauta, junto a muchos otros no menos brillantes, para la formación de un lenguaje musical único en Sudamérica.
El catálogo musical de Spinetta está lleno de momentos instrumentales brillantes y de hermosos pasajes poéticos expresados a lo largo de la trayectoria de diferentes bandas y en su trabajo solista, pero los críticos de la música latinoamericana concuerdan en el que es considerado como su trabajo más depurado, una placa que significó la consolidación definitiva de su creador hacia la madurez compositiva y un paso más hacia el status de ícono; se trata del mejor disco de la historia del rock argentino según la edición argentina de la revista Rolling Stone, Artaud (1973), editado con la firma de Pescado Rabioso, pero que debe ser atribuido totalmente a Spinetta y a sus selectos invitados.
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