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agosto 20, 2015

Yo Confieso #18: Han pasado 27 años...

Jackson Pollock (1912 - 1956)
"Number 27" (1950)
Óleo, esmalte y pintura de aluminio sobre tela
124.6 x 269.4 cm
Museo Whitney de Arte Americano, Nueva York

Por primera vez, salí del psicoanalista con escalofríos en las manos; después de dos sesiones con mareos, esta reacción me asustó y me puso en alerta, aún cuando me dicen que esos estímulos son producto del esfuerzo de la terapia. Me dijeron que era debido a que mi cuerpo tenía ganas de escribir entre tanta catarsis, entre tantas revelaciones. Al llegar a casa, me quedé dormido vestido con un dolor de estómago sin explicación, como si el cuerpo estuviera enviándome mensajes sin motivo aparente.

En el diván, había caído en cuenta de varias cosas: Tengo una debilidad hacia las voces en tercera persona; me encanta dejarme llevar por el ambiente y por los demás. Me he dado cuenta que han sido pocas las cosas que he decidido en vida en el plano de las experiencias y los buenos recuerdos; cuando me preguntaron cuál quería que fuera la última imagen que evocaría antes de morir, me quedé sin palabras, incapacitado a dar una respuesta propia. Dicho de otra manera, si esto fuera Harry Potter, no podría conjurar un patronus.

septiembre 12, 2012

Berrinches de Novelista Novato #4: La Exaltación de Severus Snape

Alan Rickman como Severus Snape (WB)

"Harry Potter trata sobre confrontar los miedos, encontrar la fuerza interior y hacer lo 
correcto frente a la adversidad. Crepúsculo trata sobre la importancia de tener un novio".
Stephen King

Escribir una novela es una labor titánica, y una de las partes más apasionantes y que más complejidad solicita es la de desarrollar personajes acordes con la historia que uno desea contar. Cada personaje que interviene en el torrente de la trama debe tener un objetivo, una pasión que los mueva contra o con la corriente narrativa; un personaje es un vector de ambiciones y deseos cuya intervención conforma una historia que se borda entre los recovecos del argumento.

En el caso de mi labor como escritor de opera prima narrativa, me he encontrado con infinidad de problemáticas para crear personajes y hacerlos interactuar entre ellos: me pongo a pensar cómo son físicamente, con qué tipo de lenguaje hablan, qué tipo de características emocionales y sociales quiero que representen, qué tipo de ropa usan, cuáles son sus inquietudes, prioridades y gustos, etcétera; sin embargo, lo que más me cuesta es darles cuerpo, hacerlos desarrollarse como personas y no como entes de carácter inamovible. Podríamos hablar de muchos personajes memorables, pero mis conocimientos de literatura no son tan bastos, y es mejor hacer un ejemplo de un universo que la gran mayoría conozca, aunque sea por las películas.

Hablando con mi hermana, me vinieron a la mente los libros de la saga Harry Potter de J.K. Rowling; si ustedes han leido la saga completa, se habrán dado cuenta de la maestría con la cual la autora logra darle protagonismo a la gran parte de los personajes principales de la obra; cada uno tiene sus objetivos, su trasfondo, sus virtudes, sus defectos y su objetivo, el cual se va transformando junto con su carácter. ¿Quién hubiera pensado que el niño bobalicón llamado Neville Longbotton tendría el rol que tuvo en la última parte de la saga?, ¿acaso alguien se sospechaba que Lucius Malfoy y su familia rechazarían en algún momento su lealtad con Lord Voldemort?. Yo estoy seguro que no lo sospecharon en su momento, pero lo que a muchos pone a discutir apasionadamente es la suposición de si Rowling ya lo sabía desde antes de escribir.

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