Mostrando entradas con la etiqueta Jackson Pollock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jackson Pollock. Mostrar todas las entradas

agosto 20, 2015

Yo Confieso #18: Han pasado 27 años...

Jackson Pollock (1912 - 1956)
"Number 27" (1950)
Óleo, esmalte y pintura de aluminio sobre tela
124.6 x 269.4 cm
Museo Whitney de Arte Americano, Nueva York

Por primera vez, salí del psicoanalista con escalofríos en las manos; después de dos sesiones con mareos, esta reacción me asustó y me puso en alerta, aún cuando me dicen que esos estímulos son producto del esfuerzo de la terapia. Me dijeron que era debido a que mi cuerpo tenía ganas de escribir entre tanta catarsis, entre tantas revelaciones. Al llegar a casa, me quedé dormido vestido con un dolor de estómago sin explicación, como si el cuerpo estuviera enviándome mensajes sin motivo aparente.

En el diván, había caído en cuenta de varias cosas: Tengo una debilidad hacia las voces en tercera persona; me encanta dejarme llevar por el ambiente y por los demás. Me he dado cuenta que han sido pocas las cosas que he decidido en vida en el plano de las experiencias y los buenos recuerdos; cuando me preguntaron cuál quería que fuera la última imagen que evocaría antes de morir, me quedé sin palabras, incapacitado a dar una respuesta propia. Dicho de otra manera, si esto fuera Harry Potter, no podría conjurar un patronus.

enero 28, 2012

Jackson Pollock: 100 años

Jackson Pollock, 1949 (Martha Holmes / LIFE Magazine)

Para F.A., quien ama a Pollock más que nadie que conozco...

(Para escuchar leyendo: Louis Armstrong - That Rhythm Man)

Mi historia con Jackson Pollock, quien nació un día como hoy de hace 100 años, comenzó en 2007 cuando fui a Nueva York; la ciudad de todos los mundos, la gran urbe de hierro y luces incansables, un cosmos casi infinito frente a los ojos de un chico de 19 años. Las avenidas vivas, los grandes espectáculos, los rascacielos imponentes; aceras, callejones, grandes avenidas y puentes colgantes a la lejanía. Es muy difícil explicar todo lo que ahí ocurre, es como tratar de contar todas las historias que ahí han ocurrido y que suceden en estos momentos; sólo puedo decir que hay pocas metrópolis que pueden concentrar ese tipo de encanto mágico y peligroso a la vez.

Había dos cosas que yo quería hacer en Nueva York, retando a los azares de una ciudad tan llena de diversiones y sitios turísticos; la primera era entrar en un museo y la segunda era ir al beisbol. Visitar la Estatua de la Libertad, Federal Hall y la Zona Cero no me llamaba demasiado la atención, ir a ver teatro de Broadway tampoco me quitaba el sueño; mi fobia a las alturas volvió un poco incómoda mi visita al Empire State y de mi caminata frente a Times Square sólo recuerdo el sabor de un pretzel, una pizza y un paquete de M&M's. Hubo mala fortuna en Shea Stadium: los Mets perdieron 4-1 contra los Diamondbacks, en un partido de Sunday Morning bastante desabrido.

*****