Hoy cumplí veinticinco años de edad. Un cuarto de siglo, cinco lustros, más de nueve mil días. Pensar que aún tengo la vida por delante me agobia y me emociona a la vez.
Este martes comenzó lloviendo en la parte de la ciudad donde vivo. Pareciera que el cielo esperó a que dieran las 12 de la noche para derramarse sobre las piedras y el pavimento como un gran cántaro de agua. Fue una noche llena de nervio e insomnio, tenía un compromiso muy importante por la mañana y no quería llegar tarde al mismo. De regalo de cumpleaños, el destino me dio una entrevista de trabajo; me fue muy bien, ojalá me den la oportunidad de mostrar de lo que estoy hecho.
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