septiembre 13, 2015

Berrinches de Novelista Novato #49: Con el corazón de pasaporte

Ilustración de Léonard Combier

Hace dos martes hablaba sobre la pérdida en mi psicoanálisis, sobre el temor a perder de vista a la gente con la que convivo en estos momentos. Pienso en las personas a las que he perdido en mi camino, en aquellos viejos amigos que siguieron rumbos paralelos y hoy son letra borrosa en el libro de mis historias, recuerdos que creí imborrables y que han comenzado a fugarse de mí.

Vivo en el temor constante de perder la memoria y de no ser lo suficientemente agradecido con lo que tengo, no recordar a la gente que me ha tendido la mano cuando lo he necesitado y con la que he disfrutado aquellos pequeños momentos que le dan sentido a mi existencia. Si fuera necesario, tendría que anotar los favores que he recibido, las oportunidades, las alegrías, incluso las críticas constructivas.

Berrinches de Novelista Novato #48: Notas de viaje desde hoteles de paso

Pensé en un guiño a Wong Kar-Wai...

La soledad de una habitación de hotel, tras las sábanas limpias y el aroma a desinfectante barato, es la más desalentadora de todas las soledades, pero hay algo detrás de las consolas sin cajones, los armarios sin puertas y el calor extraviado de la hora anterior que hace de un hotel de paso el semillero más profundo de la literatura del desencanto. Soledad sobre soledad, misantropía disfrazada de pasajera calentura genital, gemidos penetrando paredes y motores de jacuzzis cimbrando los techos; no hay nada de torres ni villas de marfil, todo es tablaroca y alfombras sucias.

agosto 20, 2015

Yo Confieso #18: Han pasado 27 años...

Jackson Pollock (1912 - 1956)
"Number 27" (1950)
Óleo, esmalte y pintura de aluminio sobre tela
124.6 x 269.4 cm
Museo Whitney de Arte Americano, Nueva York

Por primera vez, salí del psicoanalista con escalofríos en las manos; después de dos sesiones con mareos, esta reacción me asustó y me puso en alerta, aún cuando me dicen que esos estímulos son producto del esfuerzo de la terapia. Me dijeron que era debido a que mi cuerpo tenía ganas de escribir entre tanta catarsis, entre tantas revelaciones. Al llegar a casa, me quedé dormido vestido con un dolor de estómago sin explicación, como si el cuerpo estuviera enviándome mensajes sin motivo aparente.

En el diván, había caído en cuenta de varias cosas: Tengo una debilidad hacia las voces en tercera persona; me encanta dejarme llevar por el ambiente y por los demás. Me he dado cuenta que han sido pocas las cosas que he decidido en vida en el plano de las experiencias y los buenos recuerdos; cuando me preguntaron cuál quería que fuera la última imagen que evocaría antes de morir, me quedé sin palabras, incapacitado a dar una respuesta propia. Dicho de otra manera, si esto fuera Harry Potter, no podría conjurar un patronus.