noviembre 30, 2011

Yo Confieso... #7: De soñar y procrastinar

Oswaldo Guayasamín (1919 - 1999)
"La Espera", de la serie La Edad de
la Ira (1968 - 69)
Óleo sobre tela, 200 x 100 cm
Colección Fundación Guayasamín,
Quito, Ecuador

Noviembre se ha extinguido, y con su fin viene el gélido Diciembre, uno de mis meses favoritos del año. Estos meses suelen ser para mí de reflexión y alegría: se vienen las fiestas de fin de 2011, momentos para estar con la familia y para pensar en lo que ha pasado en el año que termina. Sin embargo, este mes de Diciembre será diferente a los anteriores, porque mi futuro sigue sin fijarse un sentido; durante estos cuatro meses, fuera de mi compromiso con este blog, no he hecho nada productivo de mi vida, y esto empieza a pasarle factura a mi salud mental.

(Amable lector, si no deseas agobiarte con mis rollos existenciales y mi exaltada inmadurez, te recomiendo que te detengas, no es mi propósito alejarte de este blog, todo lo contrario: aquí están mis reseñas, las imágenes, mis editoriales; sé siempre bienvenido. Si crees prudente seguir leyendo, agradezco de antemano tu atención y tu paciencia; acuéstate conmigo en el diván.)

He aquí mi historia: terminé la carrera de manera extraoficial cuando mi Servicio Social fue liberado, a finales de Agosto, dando fin a uno de los periodos más felices de mi formación universitaria; el poder trabajar en un museo me enseñó muchas cosas, conocí gente valiosa y me hice de buenas credenciales curriculares. El papeleo se encuentra en regla y mi título universitario estará en mis manos en Enero del próximo año; pero hay un problema, que no tengo la voluntad de salir al mundo y buscar trabajo. En parte es comodina falta de voluntad, pero también tiene que ver con mis demonios internos.

*****

Estoy conciente que cada ser humano tiene una personalidad muy definida, pero yo no he podido aprender a convivir con la mía en mis 23 años de vida, simplemente sobrevivo al día. Primero citaré mis virtudes: soy una persona noble y de buenos sentimientos, que no deseo el mal a nadie; soy buen hijo, buen hermano, buen colega y buen amigo; mi memoria es nítida, rara vez olvido a quien me ayuda y a quien me aconseja; como católico, me formaron muy bien, pero como librepensador, me formaron mejor; siempre me he visto como un hombre único por mi sensibilidad, que sabe llorar, pero también sabe sonreir; siempre he sentido necesidad de expresarme, escribir es lo que más disfruto y me encanta usar mi voz para hablar o para cantar; me considero buen conversador, reflexiono mucho y soy muy analítico, soy de gustos amplios, aunque a veces demasiado cuadrado; tengo talento y capacidad de sobra para desarrollarme como historiador del arte, como escritor y como cualquier cosa que se me ocurra que tenga que ver con las humanidades; por último, y quizás mi mayor virtud, siempre estoy dispuesto a aprender algo, incluso de lo más trivial.

Irónicamente, la tarea de enumerar virtudes es siempre más difícil que la de mencionar tus vicios (saludos para Aldonza), y aquí están los míos: mis constantes bipolaridades entre la euforia y la depresión; pésima habilidad para comprender las ciencias exactas y las manualidades; mis insoportables episodios de neurosis y mi contante tendencia hacia la intolerancia; soy pésimo ahorrador y peor planificador a corto y largo plazo; mi apatía es severa y tengo la constancia de una llamarada en la paja; desde niño me cuesta mucho trabajo relacionarme con las personas, mi inteligencia emocional es muy poca y me da miedo hacer el ridículo o decir algo imprudente; soy distraído y muy disperso, me gustan tantas cosas que no soy experto en ninguna; sufro de una timidez crónica, me cuesta trabajo hablarle a las personas, sobre todo a las mujeres; soy demasiado inocente, muy influenciable y me callo muchas cosas; tengo una inexplicable tendencia a perder el tiempo en las actividades más ociosas, como rasurarme, leer instructivos y mirarme en el espejo; finalmente, y mi vicio más viejo y difícil de domar, mi baja autoestima y mi tendencia a dificultarme las cosas.

Sin embargo, los demonios que desde hace varios meses se encuentran peleando, a la vista de todos los vicios y virtudes arriba mencionados, son dos: mi infinita habilidad para soñar y mi tendencia continua a procrastinar lo que es importante.

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Es por mi bien, pero me angustia, como a Felipe, el amigo de Mafalda...

Desde la pubertad, mi mente vuela libremente y sueña con muchas cosas. Cuando iba a la secundaria, quería ser poeta, me sentía el nuevo Pablo Neruda y presumía mis escritos a mis maestros cada vez que podía; al día de hoy guardo esos textos, pero no he volteado a verlos en muchos meses porque pienso que son bastante malos e inocentes. En la preparatoria, pensaba que mi camino iba hacia la filosofía, pero descubrí que no tenía la actitud y lo dejé de lado. Asistí a una preparatoria de hombres, y al principio fue muy duro, ya que el ambiente era distinto y mucho más rudo que en escuela mixta, pero con el tiempo me acostumbré para bien; conocí entrañables amigos, a los cuales frecuento poco y extraño al día de hoy.

Fue en esos años que me incliné hacia otra pasión que hasta ese momento era mayor: el arte, y cuando tuve que elegir una carrera universitaria, no dudé en elegir Historia del Arte, pese a los airados reclamos de mi madre y al escepticismo de mi padre. Papá pagó mi carrera universitaria, sabiendo que tenía capacidad para dedicarme para cualquier cosa, y con el paso del tiempo le fui demostrando muestras de mis talentos; así pasaron poco más de cinco años, conocí personas muy valiosas, nuevos horizontes y cambié en muchos sentidos. Aunque tengo colegas más intuitivos y brillantes, no me falta capacidad ni pasión, sólo necesito el impulso y el motivo...

En estos meses de incertidumbre, ha sido mi papá el que más paciencia me ha tenido: paga mi gimnasio y los pocos caprichos que se me han ofrecido. Mamá es otra historia, vivo muchas horas en su departamento y no es del todo bueno para la salud mental de ambos, aunque trato de ayudarla en las cosas que pueda hacer por ella, como llevar cuentas y pintar paredes. Si no tuviera hermana, estaría ya en el psiquiátrico: mi hermana de 17 es mi sostén, mi consejo y mi válvula de escape, y mi hermano de 2 es una razón que me motiva a ser más tolerante. Mi cumpleaños 23, el pasado 20 de agosto, es el día con el cual me quedo de este periodo, en compañía de mis amigos, los cuales considero parte de este nublado presente.

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Las preguntas que debería estar haciéndome es la siguiente, pero las sigo procrastinando: ¿Qué tan difícil es ir y dejar mi CV en los diferentes museos, en las diferentes entidades culturales de la Ciudad de México? Podría ser un juego muy divertido, pero no tengo las ganas ni la confianza de emprenderlo. ¿Por qué no empiezo a escribir un anteproyecto de tesis para entrar a la maestría? Lo que pasa es que como historiador del arte, no he encontrado lo que más me gusta y apasiona. ¿Debí haber estudiado comunicación o periodismo, como me he preguntado en estos meses? No es por ahí, no es bueno arrepentirse de lo que uno hace. ¿Dónde están la constancia, la disciplina y el corazón? Nuevamente, no son el fuerte de mi personalidad...

Los andamios de mi vida están instalados, tuve la mejor educación que mis padres pudieron otorgarme, tengo plena confianza de muchas de mis habilidades, conozco bien mis principales defectos y en algún momento tengo que empezar a saborear la vida real...

Sin duda, necesito ayuda psicológica, que esta apatía e inmadurez, a mi edad, no es nada normal. Debería estar cansado de esperar el momento e ir a buscar el siguiente capítulo de mi historia.

Mientras tanto, seguiré por estos rumbos, soñando y procrastinando...

5 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. Gracias Mía por tus palabras de aliento...

    Estuve pensando toda la noche en las palabras para contestarte, pero no sabía bien qué decir y cómo. He estado pensando en la primera frase, quizás mi deseo es débil, o simplemente no es el momento para desear. Creo que no debería estar desgastándome tanto en mortificarme, carpe diem.

    Sobre la fortuna de poder describir cómo me siento, vaya que soy afortunado y valiente de no guardarme las cosas, y esto lo necesitaba sacar de alguna u otra forma. Lo hice público porque, finalmente, es parte de las cosas que vivo; trato de ser transparente con el blog, no me cuesta ocultarle las cosas.

    Nuevamente te agradezco y te mando un abrazo...

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  3. Necesitamos de una cita en el diván.

    Gracias por el saludo y gracias por compartir tan extraordinario texto, créeme que me hiciste reflexionar mucho respecto a mi vida.

    Estoy a punto de cumplir 27 años y no he podido encontrarle un sentido a mi vida. Me la vivo soñando que todo de pronto va ha cambiar y que las cartas de la vida estarán a mi favor ...

    ¿Crisis existencial? no lo sé...

    Muchos saludos para ti :) y un fuerte abrazo.

    p.d. Estoy haciendo la tarea aunque no lo creas, pero en la lista apenas van dos virtudes :)

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  4. Sí Aldonza, necesitamos una cita en el diván. Creo que tiene que ver con crisis existenciales; agobio y temor como me decía ayer mi mejor amiga. Tengo que tomar mi decisión pronto.

    Me alegra que estés haciendo esa tarea. Siempre es importante tener en cuenta nuestros talentos para poder hacer cambios en lo que no. Quizás por eso te di esa tarea...

    Te mando abrazos...

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