diciembre 13, 2010

"No Tengo Enemigos" de Liu Xiaobo


Declaración hecha por el luchador social chino Liu Xiaobo en su juicio por subversión ante el Estado comunista chino el 23 de diciembre de 2009. Leído en la entrega del Premio Nobel de la Paz en el Ayuntamiento de Oslo por la actriz noruega Liv Ullmann el pasado 10 de diciembre de 2010.


No tengo enemigos, ni odio. Ni los policías que me vigilaron, me detuvieron y me interrogaron, ni los fiscales que me llevaron a juicio, ni los jueces que me juzgaron, son mis enemigos. Aunque no puedo aceptar sus investigaciones, detenciones, interrogaciones y veredictos, (...) sigo respetando sus profesiones y su integridad. Tengo en cuenta su respeto y su sinceridad.
El odio puede pudrir la inteligencia y la conciencia de una persona. La mentalidad enemiga puede envenenar el espíritu de la nación, puede incitar a luchas crueles y mortales, destruir la tolerancia y humanidad de la sociedad, y complicar el progreso de una nación hacia la libertad y la democracia. Es por ello que espero llegar más allá de mis experiencias personales mientras soy testigo del desarrollo y cambio social de nuestra nación: espero contrarrestar la hostilidad de nuestro régimen con buena fe y de acabar con el odio a través del amor.
Precisamente por estas convicciones y por mi experiencia personal, estoy convencido de que el progreso político de China seguirá adelante; yo, lleno de optimismo, espero la llegada de una China Libre. No hay fuerza que pueda poner fin a esta lucha por libertad política, y China será - tarde o temprano - una nación regida por la ley, con derechos humanos inalienables. También espero que este tipo de progreso pueda reflejarse en este juicio, mientras espero el veredicto imparcial de este tribunal.
Si me permiten decirlo, la experiencia más afortunada que he tenido en los últimos veinte años ha sido el amor incondicional de mi esposa, Liu Xia. Ella no puede estar presente como observadora ante este Tribunal hoy, pero quiero decirte, querida, que creo firmemente que tu amor por mi persona se mantendrá igual en el futuro como siempre lo ha sido. A lo largo de estos años que he vivido sin libertad, nuestro amor estuvo lleno de la amargura impuesta por circunstancias exteriores, pero sigo disfrutando de su sabor, y este amor sigue existiendo sin límites.
Cumplo mi sentencia en una prisión física, tangible, mientras tú me esperas desde la prisión intangible del corazón. Tu amor es la luz del sol que me llega incluso a través de los muros más altos y penetra las barras de acero de la ventana de mi celda, cayendo sobre cada centímetro de mi cuerpo, aportando calor a toda parte de mi cuerpo, permitiendo que siempre sienta paz, libertad y la felicidad del corazón, dándole significado a cada minuto de mi tiempo en prisión.
Espero que yo sea la única víctima de la inquisición literaria de China; espero que nadie sea encarcelado por sus palabras en el futuro. Suprimir la libertad de expresión es suprimir la verdad. No hay nada criminal en aquello que he hecho, pero si se imputan cargos en mi contra por ello, no tengo queja alguna.

Su pensamiento encontró alas para llegar a Oslo, pero su silla estuvo vacía. No necesitó estar presente en la entrega del Nobel para recordarnos el porqué de su importancia y la razón por la cual fue distinguido. La libertad y los derechos humanos no se pueden pagar ni con el suplicio de una prisión, ni con una medalla, un diploma y un estímulo económico. La actriz Liv Ullmann, de fama internacional por su trabajo con el director Ingmar Bergman, fue la encargada de leer las palabras citadas arriba.

Me llama especial atención la vitalidad que nos presenta Liu Xiaobo con sus palabras. Como prisionero de pensamiento, tuvo una enorme valentía en pronunciar estas palabras ante el jurado que lo sentenció a prisión. Podemos dividir el pronunciamiento en dos partes: es una declaración a la libertad, de esperanza de tiempos mejores, de respeto hacia su prójimo y de paz interior. Además, contiene una pequeña pero muy emotiva carta de amor para su esposa, ausente en ese momento, pero omnipresente en su lucha y en su pensamiento.

Con alegría, he recordado en estas palabras una oración y el fragmento de un poema. "Acabar con el odio a través del amor" me hizo pensar en la oración atribuida a San Francisco de Asís (de la cual ya hablé en otra ocasión):

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz
que allá donde hay odio, yo ponga amor,
que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón,
que allá donde hay discordia, yo ponga la unión,
que allá donde hay error, yo ponga la verdad, 
que allá donde hay duda, yo ponga la Fe,
que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza,
que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz,
que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Por otro lado, la carta de amor con dedicatoria a Liu Xia me hizo recordar aquel fragmento tan citado del larguísimo poema "Piedra de Sol" de otro Nobel, Octavio Paz, uno de los tres mexicanos galardonados con el legado del científico sueco. Porque el amor no sólo se trata de carne, es también idea, libertad y pensamiento:

Amar es combatir,
si dos se besan el mundo cambia, 
encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, 
brotan las alas en las espaldas del esclavo,
el mundo es real y tangible,
el vino es vino, el pan vuelve a saber
el agua es agua.
Amar es combatir, es abrir puertas, 
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia si dos se miran y reconocen,
amar es desnudarse de los nombres.

¡Libertad para Liu Xiaobo!


*Crédito Fotográfico: AFP

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