Diez días han pasado desde las elecciones en México, y pese a que el retorno del PRI al gobierno parece inminente, la gente sigue manifestándose en las calles de las principales ciudades de esta nación. Desde Tijuana hasta Chetumal, el reclamo de muchos sectores de la población es el de limpiar una elección sobre la cual están circulando muchos demonios e irregularidades. Entre elecciones inequitativas, bodas de oropel, tarjetas de supermercado, locos con pistola y demás cositas hediondas, la población pide un país mejor: volcada en las plazas, caminando las avenidas, apretando los puños y gritando consignas.
Los contestatarios piden revolución, acuden a Marx y a Lenin como quienes citan ciegamente la Biblia y el Corán. La prensa y la televisión hablan lo necesario, pero se sesgan ellas mismas; la población se divide, pero se puede respirar.
Los estudiantes piden participar, despiertos ante todo; piden ser parte de la frescura de una primavera de aromas embriagantes y colores nítidos. Las nostalgias colectivas de los intelectuales y los jóvenes acuden a las efigies del Che Guevara y Salvador Allende; la aspiración es la misma que antaño, otorgar a la ideología el carácter práctico que sustente los slogans y los carteles.
Haciendo semblanza mientras observo hacia la caldera social en la cual se convirtió México en los últimos 10 días, me he refugiado en la música, la literatura y el arte, elocuentes confidentes de mi vida neurótica y mi forma de ver el mundo; durante la noche del pasado sábado 7, me vino a la cabeza la necesidad de escuchar un disco que me acercara hacia las personas que están ahí, haciendo sentir su presencia ante la opresión. La elección no fue difícil, tenía que acercarme a las canciones de uno de los compositores más importantes que ha dado América Latina en los últimos cincuenta años, una de las joyas clásicas de la
Nueva Trova Cubana de los años 60's; me refiero a
Silvio Rodríguez, cuyo disco
Al Final de Este Viaje [1968 - 1970] (1978) analizaré en la cuarta entrega de este
Top 20 Albums en Español.
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El contexto de este álbum ocurre en la joven Cuba revolucionaria, no la de hoy en día con su burocratismo, su desigualdad y su excesiva paranoia discursista; me refiero a la Cuba de los primeros 20 años de revolución, la "Cuba que pudo ser" la vanguardia más depurada del socialismo; la que se impuso ante todo los objetivos de justicia social, la que erradicó el analfabetismo y buscó tierra y seguridad social para todos, pese a los ataques de Estados Unidos, a las luchas de poder internas y a la precariedad del incipiente gobierno. Aquellos avances fueron llevados a cabo a todos los rincones de la isla por una generación de jóvenes que, insuflados por el optimismo de tiempos mejores y por el deseo de formar parte de una "revolución sin armas", ejecutaron de manera excepcional los ideales del entonces brazo derecho de Fidel Castro, el Che Guevara.